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Año Nuevo 5.534 años del Quinto Sol de los pueblos ancestrales del Abya Yala

Para que comprendas el verdadero sentido del Machaq Mara (Año Nuevo) o Willkakuti (el retorno del Sol), que celebramos cada 21 de junio.

Por Tata Dr. Uriki David Ticona

Para que comprendas el verdadero sentido del Machaq Mara (Año Nuevo) o Willkakuti (el retorno del Sol), que celebramos cada 21 de junio.

Para nosotros, la historia y el tiempo no corren en una línea recta que huye hacia el olvido; el tiempo es un círculo, un espiral, un tejido donde el pasado está siempre adelante, guiando nuestros pasos.

Somos parte de un todo interconectado. La palabra Pacha no significa solo «tierra» o «mundo»; es una categoría superior que une el Espacio y el Tiempo. Vivimos en tres dimensiones sagradas en constante diálogo:

  • Alax Pacha: El Mundo donde mora el Dios Sol, la Diosa Luna, las Constelaciones sagradas, la energía cósmica
  • Alay Pacha:  El espacio donde se manifiestan los dioses El Rayo, El Arco Iris, la lluvia,
  • Aka Pacha: Este mundo, el aquí y el ahora, donde habitamos los humanos, los animales, las plantas y las piedras vivas.
  • Manqha Pacha: El mundo de abajo o interior, donde residen las energías de la profundidad, las raíces y los ancestros son dioses dueños de los minerales, los volcanes, aguas termales.

El Año Nuevo es el momento exacto en que estos cuatro mundos se alinean mediante el solsticio de invierno en el hemisferio sur.

El 21 de junio ocurre el solsticio de invierno: la noche más larga y fría del año. Desde nuestra mirada astronómica y agrícola, vemos que el Sol se ha alejado lo más posible de la Tierra. Si se alejara más, la vida moriría congelada.

Nuestros ancestros observaban este fenómeno con profundo respeto. El Willkakuti significa literalmente «el retorno del Sol». Mediante los rituales, los fuegos y los ruegos de la comunidad, «ayudamos» ritualmente al Sol a detener su retirada. A partir del amanecer del 21 de junio, el Sol gira y comienza a acercarse de nuevo, estirando los días, trayendo calor y anunciando un nuevo ciclo agrícola. Es el fin de la cosecha y el vientre de la Pachamama se prepara para descansar antes de la siembra.

Muchos se preguntan de dónde nace la cifra que conmemoramos en este ciclo contemporáneo (los 5.534 años de la era actual). No es un número caprichoso; guarda un profundo sentido de resistencia y memoria.

Nuestros abuelos estructuraron este conteo sumando dos grandes eras: un Sol es 1.000 años, vale decir que tenemos 5.000 años, estamos entrando al nuevo pachacuti el año 534 años de ahí viene 5.534 años

Contar los años así es un acto político y de descolonización: le dice al mundo que nuestra historia no empezó con la llegada de los barcos europeos, sino que ya teníamos un camino maduro y milenario.

Cuando nos congregamos en lugares sagrados como Tiwanaku o en la
“Virgen Blanca”, a las 6 de la mañana, soportando el frío helado del altiplano, no estamos haciendo un espectáculo turístico. Estamos estableciendo espiritualidad viva.

Esperamos el primer rayo del sol con las palmas en alto. Espiritualmente, ese rayo inicial viene cargado de la energía pura del universo (Ch’ama). Recibirlo es limpiar el espíritu, recargar el cuerpo físico y armonizar nuestras contradicciones a travez de las energías cuánticas.

En la wajta (la mesa de ofrenda donde quemamos resinas sagradas como el copal, la coa, misterios de azúcar y hojas de coca), devolvemos a la Pachamama un poco de lo que nos dio. Es el principio del Ayni (la reciprocidad): «Hoy por ti, mañana por mí». No le pedimos cosas a la Tierra como si fuera un supermercado; dialogamos con ella, le agradecemos y le pedimos permiso para seguir habitándola en paz.

El Año Nuevo Andino Amazónico es, en esencia, un recordatorio de que la humanidad no es la dueña del planeta, sino tan solo su guardiana.

Jallalla (¡Que viva!) el nuevo ciclo.

Por: Amawta, Tata Dr. Uriki David Ticona. Gestor, proyectista y fundador de la Universidad Pública de El Alto, UPEA, 1989-2000. Periodista y Abogado y Yatiri. Contactos 71539769

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