*Por: Tata Dr. Uriki David Ticona
La participación de organizaciones indígenas en espacios de poder urbano ha dejado de ser una aspiración simbólica y se ha convertido en un tema central del debate político boliviano. En este nuevo escenario, la Confederación Nacional de Naciones Indígena Originario de Bolivia (CONNIOB), a través de su filial El Alto, ha anunciado su intención de participar en las próximas elecciones subnacionales para la alcaldía de la ciudad más joven y emblemática del país.
La propuesta no es improvisada ni meramente reivindicativa. Está asentada en bases legales, históricas, sociológicas y políticas que explican por qué la presencia indígena en la estructura municipal alteña no solo es posible, sino también necesaria para consolidar el Estado Plurinacional.
I. La base legal: un derecho constitucional irrenunciable
La Constitución Política del Estado (CPE) de 2009 redefinió el pacto social boliviano al reconocer al país como un Estado “Plurinacional, Comunitario y con autonomías”. A partir de este marco:
1. Se reconoce a las naciones y pueblos indígena originario campesinos como sujetos políticos colectivos.
No son simples “sectores sociales”, sino parte constitutiva del Estado, con personalidad jurídica propia y con derecho a participar en la gestión pública.
2. La CPE garantiza su participación política en igualdad de condiciones.
Los artículos 209 al 212 permiten que los pueblos indígenas presenten candidatos en elecciones nacionales y subnacionales, sin necesidad de transformarse en partidos políticos.
Este reconocimiento incluye ciudades y espacios urbanos, no solo territorios rurales.
3. La democracia intercultural es un mandato constitucional.
La CPE no reduce la participación indígena a circunscripciones rurales o escaños especiales, sino que ordena que su presencia sea transversal en todos los niveles del Estado, incluyendo gobiernos municipales metropolitanos como El Alto.
4. El principio de pluralismo político habilita distintos sujetos de participación.
Las organizaciones indígenas pueden postular candidatos, plantear proyectos políticos y competir electoralmente del mismo modo que partidos y agrupaciones ciudadanas.
En síntesis, no existe impedimento legal para que la CONNIOB participe en comicios municipales; al contrario, su participación se alinea con el espíritu constitucional.
II. La legitimidad sociológica: El Alto, una ciudad indígena en su esencia
El Alto es, por composición demográfica y cultural, la ciudad más indígena del país. Su población es mayoritariamente aymara, migrante, comunitaria, comerciante y con fuertes vínculos rurales.
1. La identidad alteña es profundamente indígena.
Las ferias, el comercio, la organización vecinal, los tejidos sociales y las prácticas comunitarias reflejan una cosmovisión propia que los partidos políticos tradicionales pocas veces han representado adecuadamente.
2. Las organizaciones indígenas urbanas son parte estructural del tejido social alteño.
Federaciones, confederaciones, sindicatos y organizaciones comunitarias articulan la vida pública desde hace décadas. La CONNIOB forma parte de esa trama y representa una identidad colectiva real, no una ficción electoral.
3. El Estado Plurinacional sigue siendo débil en espacios urbanos.
Mientras en el área rural las autonomías indígenas han avanzado, en ciudades como El Alto todavía existe una brecha entre el discurso plurinacional y la participación efectiva.
La postulación indígena, en este contexto, ayuda a cerrar esa brecha.
4. El electorado indígena demanda representación directa.
Históricamente, partidos y agrupaciones ciudadanas han utilizado la identidad indígena como discurso, pero no han permitido que los propios pueblos originarios ejerzan liderazgo en niveles decisivos de gobierno local.
En este punto, la participación de la CONNIOB no es una concesión: es coherencia sociológica con la realidad alteña.
III. La base política: renovación, autogobierno y democratización real
1. La participación de CONNIOB representa una alternativa fuera de los partidos tradicionales.
Después de ciclos políticos marcados por tensiones entre oficialismo y oposición, la población alteña muestra fatiga respecto a estructuras partidarias convencionales.
Una propuesta indígena con estructura comunitaria ofrece una opción distinta, más horizontal y con mayor control social interno.
2. Impulsa la construcción real de la democracia intercultural.
El mandato del Estado Plurinacional exige que la política no solo reconozca lo indígena en el discurso, sino también en la toma de decisiones.
Una candidatura indígena en El Alto materializa ese mandato.
3. Fortalece la autonomía territorial y la gestión comunitaria.
Las organizaciones indígenas poseen mecanismos propios de deliberación, rotación de cargos, control social y gestión comunitaria que pueden enriquecer la función pública municipal.
4. Evita la apropiación política externa de las agendas indígenas.
Históricamente, la agenda indígena fue interpretada, administrada o instrumentalizada por partidos políticos.
La participación de CONNIOB asegura que la voz indígena sea directa y autónoma.
IV. Contexto histórico reciente: 15 años de avances y obstáculos
2010–2015: Primeras experiencias y debates
Tras la CPE, hubo avance en la elección de concejales indígenas, especialmente en municipios intermedios.
Pero en ciudades, los requisitos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) complicaron la habilitación de organizaciones indígenas urbanas.
2015–2021: Consolidación de autonomías indígenas y límites urbanos
Mientras las autonomías indígenas rurales avanzaban, la participación indígena en ciudades quedó entrampada por vacíos normativos y resistencias institucionales.
Conclusión: la participación indígena en El Alto es un paso necesario para completar la plurinacionalidad
La postulación de la CONNIOB a la alcaldía de El Alto representa mucho más que un acto electoral. Es un hito político, un espejo de la composición social de la ciudad y una oportunidad para profundizar el Estado Plurinacional.
Su participación:
- tiene base legal en la Constitución,
- tiene base legítima en la identidad alteña,
- tiene base sociológica en la composición indígena urbana,
- tiene base política en la necesidad de renovación y democratización real.
Negar este derecho sería retroceder en la construcción de la democracia intercultural.
Permitirlo, en cambio, abre una puerta histórica para que una ciudad profundamente indígena sea gobernada, por primera vez, desde su propia identidad. FOTO:Autor: Natacha Pisarenko | Crédito: AP


