En este tiempo, cuando se habla de «200 años de la creación de Bolivia», alzamos nuestras voces para decir con claridad y fuerza: para nosotros, los pueblos originarios, dueños legítimos de estos territorios milenarios, esta fecha no es una celebración de independencia o fundación. Es, más bien, el recordatorio doloroso de la continuidad de un proceso colonial y la persistencia de estructuras de dominación y racismo que han marcado y afectado profundamente a nuestras naciones.
La fundación de la República de Bolivia en 1825 no significó una verdadera liberación para nosotros. Fue, en esencia, un cambio de amo. La élite criolla asumió el control del Estado, y lejos de romper con el pasado, mantuvo y, en muchos casos, profundizó las lógicas de exclusión, despojo, racismo y subalternización que heredamos de la colonia española.
Estos 200 años han sido 200 años de violaciones sistemáticas, 200 años de pongueaje del indio, 200 años de racismo institucionalizado, 200 años de discriminación y marginación. Cuando fundaron Bolivia, nuestra vida no solo no cambió, ¡fue peor! Porque Bolivia fue fundada sin nosotros, y lo que es más grave, Bolivia fue fundada contra nosotros, los pueblos indígenas. El saqueo y el robo de nuestras riquezas naturales fueron la razón fundamental del nacimiento de esta República.
Pero que nadie olvide: estos 200 años de Bolivia son también 200 años de nuestra incansable resistencia indígena. A lo largo de todo este periodo, nuestras naciones han mantenido una lucha constante y digna por la recuperación de nuestros territorios ancestrales, por el reconocimiento pleno de nuestras identidades, por el respeto a nuestras culturas milenarias y por la construcción de un Estado verdaderamente inclusivo, donde quepamos todos.
La creación de un Estado Plurinacional en Bolivia, aunque es un avance significativo y un reconocimiento a nuestra lucha, es solo un paso en el largo y profundo camino hacia la descolonización total. Implica el reconocimiento de la diversidad de nuestras naciones y pueblos indígenas, de nuestros idiomas, culturas, instituciones y formas de vida. Nos exige construir un Estado que refleje y respete esta pluralidad en cada una de sus acciones.
Para nosotros, el verdadero Estado debe traducirse en una transformación profunda de las estructuras de poder, de permitirnos participar en las elecciones nacionales y tener representes genuinos en la Asamblea Legislativa, Solo así podremos superar definitivamente la herencia colonial que aún nos oprime.
Los 200 años de Bolivia son, para nosotros, un periodo de reflexión crítica sobre la continuidad de la opresión colonial, la persistencia inquebrantable de nuestra lucha por la autodeterminación y la necesidad imperante de una descolonización profunda que permita la reconstitución plena de nuestras naciones originarias y la construcción de un futuro verdaderamente equitativo, justo y digno para todos.
¡Por la descolonización y la reconstitución de nuestras naciones! ¡Jallalla los pueblos indígenas!
